DOVE È LA LIBERTÀ?

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La abolición del trabajo, Bob Black.

La abolición del trabajo, Bob Black, PDF.

Parece muy complicado hablar de la abolición total del trabajo en una sociedad diseñada por y para él. De hecho, como Black recalca, toda ideología -desde los fascismos hasta la extrema izquierda- asumen el trabajo como eje central, variando solamente en quién sería el mandatario, y demás superficialidades. Pero la crítica de Black se torna todavía más curiosa al descubrir que no defiende la abolición del trabajo en pos de algo más práctico, más humano o subjetivamente mejor, sino que defiende su abolición por su abolición misma. Quizás pueda parecer que el juego, que Black propone como sustituto del trabajo, sea ese otro sistema en pos del cual defender la abolición; no es así. A pesar de que Black habla del juego como la forma más acertada de organizar los trabajos necesarios para el funcionamiento de una sociedad, no propone métodos organizativos ni nada que se le parezca. Es por eso que, más que una idea plausible, parece una ilusión.

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Pawel Kuczynski

La idea básica por la que, creo, Black defiende la teoría del juego es por la idea -no implícita en el texto- de que el trabajo tiene tal peso en nuestras vidas, que las posee enteramente: trabajamos, o vamos o venimos del trabajo, o nos duchamos y descansamos para ir a trabajar, o comemos y reímos con prisa mirando el reloj para ir a trabajar… En palabras de Black: La diferencia principal entre el tiempo libre y el trabajo es que, al menos, [en el trabajo] te pagan por tu alienación y agotamiento. Es un simple ejercicio de cambiar el peso de la importancia. Si nuestro tiempo libre fuese más, mejor y más importante (como sin duda ocurriría con la abolición del trabajo), de eso podemos deducir que nuestros pensamientos versarían sobre el ocio, etc., y el trabajo acabaría siendo poco más que un juego.

Dejando de lado esta posible alternativa, ¿qué argumentos encontramos para defender la abolición por la abolición? Primeramente: porque el trabajo asalariado -y éste es el único concepto de trabajo que parece sobrevivir hoy en día- es siempre una labor forzada e impuesta. Este hecho no sólo implica una degradación del ser humano, una humillación y una obvia distinción de clases -clase opresora y clase oprimida-, sino que también implica ciertos patrones de comportamiento por parte del obrero: se le educará para estar alienado, ser obediente, puntual… Es decir: disciplina. (La disciplina, en palabras de Black, «consiste en la totalidad de los controles totalitarios en el lugar de trabajo -supervisión, movimientos repetitivos, ritmos de trabajo impuestos, cuotas de producción, fichar, etc.- La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico.») El trabajo asalariado actual es impensable sin una disciplina férrea por parte del obrero. Esto, no sólo es grave en sí mismo, sino que, para darse, le es necesario un proceso previo. Así, el trabajo marca toda la educación infantil, primaria y secundaria del ciudadano, preparándole, disciplinándole, para su futuro empleo. Con esto volvemos a la idea primera de Black: la vida entera está diseñada por y para el trabajo.

El trabajo capitalista -basado en repeticiones, horarios estrictos, nulo contacto humano…- está diseñado para ensalzar la frustración intelectual del obrero. Esto ayuda, huelga decir, a la alienación del mismo y a su adoctrinamiento como esclavo asalariado y obedientemente disciplinado, pero tampoco deja de ser un arma política. Nuestra actividad laboral (siempre repetitiva) es la actividad que más veces realizamos a lo largo de nuestra semana, así que resulta lógico pensar que marca de forma determinante nuestro intelecto -dado que éste no es más que una capacidad que debe ser ejercitada. Por tanto, si nuestro trabajo es aburrido, repetitivo, vacío, y ni siquiera nos gusta, ¿qué podemos esperar que sea nuestro intelecto? No hay nada más atractivo para el actual capitalismo de fascismo de fábricas y de oligarquías de oficinas que una masa obrera atontada por sus empleos. Quizás por eso, tal y como insinúa Black, el capitalismo se esfuerza en crear puestos de trabajo, o en quitarlos (el paro); en definitiva, en lograr que el trabajo sea el centro de nuestras preocupaciones. Sumemos a esto que gran parte del trabajo que se realiza hoy en día es inútil (papeleo, burocracia, militares, cargos públicos: trabajo cuya única función es promover el trabajo y el capitalismo), ¿qué otra función tiene el trabajo inútil sino aborregarnos y mantenernos como masa adoctrinada y estúpida? Como bien escribe Black: quieren tu tiempo, lo suficiente para que les pertenezcas, aún si no tienen uso para la mayor parte del mismo.

La tecnología (o la falta de ella) cumple esta misma misión. Es inverosímil pensar, por ejemplo, en cohetes enviados a Marte, a Júpiter o al Sol (datos reales), pero en la imposibilidad tecnológica de facilitar -o abolir humanamente- la tarea del obrero de minas. Es ridículo. La respuesta es la misma: arma política, adoctrinamiento de masas. Podríamos librarnos de gran parte del trabajo, especialmente del farragoso, con una revolución industrial real y con una investigación tecno-científica verdaderamente enfocada a mejorar y facilitar la vida humana.

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Sería de necios pensar que la abolición del trabajo no incluye el fin del capitalismo (y viceversa, dado que capitalismo es trabajo). Esto nos desemboca en una idea que Black explica perfectamente en el texto y que yo me limitaré a subrayar brevemente. Ya que ambas aboliciones vendrían juntas (trabajo y capitalismo) nos encontraríamos con industrias enteraras que serían eliminadas: militar, estética, transgénica, productos de lujo…, y otras que serían drásticamente reducidas: transportes privados, tecnologías, fábricas… Por tanto, con esto, no sólo libraríamos a la humanidad de gran parte del trabajo actual que realiza, sino que, de facto, y «sin haberlo intentado siquiera, [hemos] resuelto la crisis de energía, la crisis ambiental y un montón de otros problemas sociales insolubles».

Hasta ahora hemos hablado de argumentos troncales para la abolición del trabajo, pero también los hay de consecuencia (esto es: consecuencias positivas y deseables que vendrían dadas por la abolición del empleo): ya sea acabar con la división sexual del trabajo -arma irrefutable del patriarcado-, un crecimiento de la cultura y del pensamiento -dado por el tiempo libre- o una mayor igualdad social y económica. De todos modos, y aunque es obvio que estas consecuencias son positivas, soy del parecer de que una idea debe ser atacada, criticada, por sí misma y nunca por sus consecuencias. Es decir: si apoyamos la abolición del trabajo, que nuestra crítica sea directamente al empleo asalariado, a su concepto y al capitalismo que lo promueve, pero que no se adorne hablando del estrés o demás consecuencias, porque no sólo resultará de eso una crítica tan errónea como falaz, sino que corremos el riesgo de remediar las consecuencias pero seguir manteniendo la base (EE: Revolución Francesa).

En conclusión: nadie debería trabajar.

Proletarixs del mundo… ¡Descansad!

Por Ris Orda.

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This entry was posted on Majo 16, 2014 by in politikeo marrón, QRule and tagged , , , , , .
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