DOVE È LA LIBERTÀ?

el arte por colores. colores con K, de okupa y resiste.

Frozen (nominada a los Oscar 2014, sí)

Bueno, bueno, bueno…

¡Cuánto tiempo ya sin una crítica de cinemita!
Veamos pues…

Una vez más, Disney arrasa con un musical, Forzen, esta vez con temas del compositor galardonado con un Tony® Robert Lopez (“Libro de Mormón”, “Avenue Q”) y de Kristen Anderson-Lopez (“In Transit”). Y, francamente, una música digna, si más no. La dirección bien, Disney -tampoco hay mucho más meollo que rascar por aquí. Y sigue ese jodido espíritu Disney que tanto nos mola aunque les critiquemos por pensar en ultrajar Star Wars. Esos momentos monos, de ooooooooh, y todo ese guión previsible hasta el último momento, que entonces llega el final no-tan-previsible. 100% Disney, como decía.

Elsa-Frozen

La Princesa (post-Reina) Elsa. Y su jodidamente hermoso vestido.

El tema es que es impecable, porque es obvio que no aspiran a más que a hacernos reír, ¡y joder si lo consiguen! Personajes bastante de la diversión -especialmente Olaf… bueno, ya lo veréis, porque no hay confusión posible. Y, cómo no, Disney consigue, una vez más, fundir imagen y música en una sola cosa, y hacer que lo flipemos, y nos emocionemos y que olvidemos que ya somos mayores de edad, con trabajos serios y responsabilidades aburridas.

Claro que su temita de fondo también sigue ahí -otra cosa muy, muy Disney. Pero, a ver, ¿qué sería Disney sin las princesas y el discursillo pro-monárquico?, ¿eh? Nada, ya os lo digo yo. Sería Pixar(t).

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“No sé si son emoción o gases, pero hay algo en mi interior” -Princesa Ana.

Pero hay dos cosas que yo veo nuevas en Dinsey, y que vale la pena comentar. Obviamente, no nos salimos del marco de “cuento de Princesas y Príncipes” (y no sé por qué lo pongo en mayúsculas), pero en Frozen ese sueño dorado se rompe. Un poco. Eso, sí: se fractura. ¡Se rompe una pata! Y es que si la Princesa Ana se compromete en boda con un “tío al que acaba de conocer”, de unas pocas horas… Bueno, esto era normal en Dsiney -y en sus historias recurrentes-, pero ahora es motivo de burla del resto de personajes. Que se lo repiten y repiten. Su hermana Elsa, el chico no-tan-guapo-pero-más-malote-Kristoff y, claro, el reno, que es lo más.

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“¡Yo no tengo cráneo! Ni grueso.” -Olaf.

La otra cosa rarita para ser Disney es que la motivación del malo (un malo muy, pero que muy diluido), son, exactamente, los negocios. Eso es -a la par que nuevo- sorprendente y genial. Es una buena motivación: real como la vida misma. Y estoy hablando del Duque de Weselton.

También el cambio del amor. Porque si, parece que no se ha inventado película de Disney donde el amor no se el protagonista, en este caso es el amor fraternal por encima del romántico, y eso también es nuevo para esta productora. Parece que se re-inventan, después de todo. (Espero que sigan re-inventándose para Star Wars…).

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“Tres de ellos [de mis hermanos mayores] fingieron que yo era invisible. Durante dos años” -Príncipe Hans.

Y para los más flipados y flipadas de todos y todas… Aquí podéis jugar al juego de Frozen (ayudar a Olaf, un muñeco de nieve, a reconstruirse).

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“Pues yo… Yo tengo amigos que entienden del amor” -Kristoff.

En resumen (que viene siendo el clavo): una película muy digna, que no merece un Oscar. Xin-pún.

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This entry was posted on Februaro 22, 2014 by in cine amarillento, criticar películas, filmo-teca, furia creativa and tagged , , , , , , , , .
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