DOVE È LA LIBERTÀ?

el arte por colores. colores con K, de okupa y resiste.

El sin-sentido del “trotskismo”

Noto una ligera falta de coherencia en todos aquellos movimientos que llevan por título y bandera el nombre propio de alguna personalidad política pseudo-revolucionaria (a veces, con suerte, revolucionaria de verdad). Un claro ejemplo es el que nos ocupa: el trotskismo.

Pero antes de empezar a analizar a fondo el trotskismo y al hombre que hay detrás, prefiero adelantar que estoy muy lejos de ser especialista en la materia, o en historia, o ni siquiera en la doctrina política del comunismo. Por supuesto, soy una empedernida estudiante de filosofía de la política, y Marx, a pesar de la opinión fundamentalmente crítica que me merece, tiene un rincón de respeto en mis pensamientos. Así, siendo este mi contexto personal, me dispongo a escribir un artículo sobre Trotsky, que ondulará entre la subjetividad y la más fría de las objetividades. Por tales razones pido que, en caso de que el-la lectorx detecte errores históricos, o deducciones falaces, me lo comunique. Al fin y al cabo, ¿para que sirve escribir artículos sino para aprender a corregir errores?

apuntestrotsky

Estos son unos apuntes que yo misma tomé hace cierto tiempo, donde tachaba a todo el movimiento trotskista de anti-revolucionario, dado que detectaba en la sola presencia de un nombre propio cierto fetiche por el contexto, que, por otro lado, no puede ser ya más caduco e indeseable. Hoy no quiero repetir tales barbaridades, a pesar de que sigo pensando que hay parte de razón en esos apuntes. Por un lado, se me presenta intuitivamente claro que, al llevar a Trotsky como título de una ideología, tal ideología acepta y alaga el comportamiento que dicho personaje tuvo en vida (comportamiento que, como iremos viendo, fue algo más que censurable). Y por otro lado, presupongo que tal comportamiento y actuaciones dependían por completo del contexto del mismo Trotsky (contexto, por otro lado, sumamente difícil de analizar, dado la magnitud y cantidad de tantos intereses políticos sobre la memoría falaz-histórica de la Segunda Guerra Mundial y de sus varias consecuencias). Es decir, ¿el trotskismo pretende reproducir el contexto de donde nace tal ideología, rama del marxismo, o pretender adaptar las actitudes vitales y políticas de Trotsky al mundo actual? No es, ni mucho menos, una pregunta retórica, sino, más bien, una pregunta de la que anhelo una respuesta. Y no sólo en el concreto caso del trotskismo, sino en todos aquellos casos de ideologáis con nombres de personalidades.

Pero sea cual sea la respuesta, considero que está equivocada. Ni veo lógico -muchísimo menos revolucionario, como el trotskismo intenta ser- reproducir un contexto económico-social, e incluso cultural, como el que vivió Trotsky, ni, por contra, veo la lógica en seguir llamando “trotskista” a un movimiento que, de hecho, no persigue los actos de Trotsky, sino que intenta entrever cómo hubiese actuado él en caso de vivir en la España del siglo XXI. En el primer caso, me parece que tal movimiento ideológico no puede ser otra cosa que conservador (y como está estipulado en los apuntes que ya cité, pseudo-anti-revolucionario). En el segundo caso, no veo más que una falacia llamar de una forma a un movimiento que, en la práctica, pretende ser otro movimiento distinto. Es decir, que presumo que el trotskismo (o más bien, el uso de dicho ismo) tan sólo tenía sentido mientras León Trotsky estaba vivo. El resto es un absurdo.

Stalin

Paralelamente, me gustará comentar la peligrosidad de usar conceptos estancados en el tiempo y que, por ende, han sufrido varias -sino muchas- falcias históricas. Lo que en el 15M se conocía como “el Arte que tiene el capitalismo para absorver nuestras palabras y conceptos”. Y no les faltaba razón (aunque tampoco nunca les sobró). Lo que veo, es que lxs personas críticas de hoy en día (que pretendemos llegar a ser revolucionarixs) deberíamos tener como bandera substantiva el reinventar constante de los conceptos definitorios, tanto de nuestras ideologías, como de nuestros métodos para llevarlas a cabo. Y es ahí donde nace mi preocupación real: si vemos fallos en lo que Trotsky intentó hacer, ¿por qué seguimos partidos políticos o demás movimientos pseudo-revolucionarios bajo la bandera de su nombre? Y lo que sería todavía peor, que los sigamos porque no vemos errores en la conducta de tal figura histórica.

Se hará obvio para el-la lectorx que estoy obviando hablar de los escritos y teorías que León Trotsky cedió a la Humanidad. Pongámos como ejemplo la teoría trotskista de la Revolución Permanente. Yo puedo estar de acuerdo -que, de hecho, lo estoy- en que la revolución debe ser encabezada por lxs obrerxs y que debería ser internacional. ¿Soy por eso trotskista? Por supuesto que no. Pero, ¿puede ser alguien trotskista por considerarse en acuerdo con los escritos que el mismo dejó? Por supuesto que tampoco. Un movimiento ideológico con base en un nombre propio, debe asumir (si queremos hacer buen uso de los conceptos y de sus implicaciones lingüístico-históricas, porque, en caso contrario, todo cabe bajo cualquier concepto), debe asumir, como decía, la historia práctica y personal de tal individux, y si no, sigue siendo un movimiento falaz y confuso.

De hecho, y sin querer alabar la forma de pensamiento conocida como la derecha, me atrevo a afirmar que su fuerza matriz radica en la unión de sus seguidorxs, y tal unión -viendo la cantidad de variantes de la conocida derecha-, radica en el escaso número de conceptos que usan para auto-determinarse. Una persona capitalista no se detiene en idioteces tales como autodenominarse wellsista o smithista, o cualquier otra variante de las referencias político-culturas que sea que tengan (con la exepción de Bill Gates y su séquito, por supuesto, y de su irrisorio conpecto de comunismo liberal). Es decir: tienen un objetivo común (el imperio del capital), y lo demás da igual, porque solamente al haber alcanzado tal objetivo, va importar la forma de gestionarlo (lo llamado “matices sin importancia”). Y, de hecho, les está yendo mejor que a lxs conocidas partidarias de la izquierda (a veces, inlcuso, de la izquierda revolucionaria), con nuestro excesivo morbo por conceptos divisorios que nos acaban auto-convenciendo de la ilusoria contradicción en nuestros métodos e, incluso, objetivos. Veo en la constante división de conceptos un arma capitalista para desestavilizar y desunir a un movimiento revolucionario que, a estas alturas, ya podría estar más que articulado y en lucha real. División que, por el lado más risueño, me recuerda a una enorme escena de La Vida de Brian, donde se mantiene esta conversación: -¿Sois del Frente Judaico Popular? -¡Vete a la mierda! ¿Frente Judaico Popular? Nosotros somos del Frente Popular de Judea.

Pero dejemos, por el momento, este nuevo tema de reflexión que, de hecho, nos aleja del tema principal del artículo, así que volvamos con eso: ¿quién fue León Trotsky?

Presumo que la versión oficial de todo trotskista se basa en la deifinición de Trotsky como un hombre antiburocrático y antirrepresivo. Y ahora, antes de seguir con mi visión histórica de Trotsky, citar unas palabras de Manuel Navarrete, en su impecable ensayo “Trotsky no existe“, que comparto plenamente: “No se trata de negar el destacado papel de Trotsky durante la Revolución Rusa, ni su destreza como teórico y escritor; tampoco se trata de justificar las falacias vertidas contra él durante los Procesos de Moscú de 1936-38, su cruel asesinato (o el de sus hijos) u otros crímenes cometidos“, sino que, lo que trató de hacer, es desmentir las falacias que la propia izquierda vierte sobre él, e intentar hacer uso del escaso sentido común popular, para reagrupar nuestras fuerzas bajo la bandera anticapitalista, en lugar de desunirlas bajo banderas separatistas, tales como la trotskista.

Un hombre antiburocrático y antirrepresivo, como decíamos. Bueno, yo opino exactamente lo contrario. Pero vamos a centrarnos en hechos históricos, que dividiré en años -de forma cronológica, huelga decir-, e intentaré no entretenerme demasiado en cada punto, dando por hecho de que, en caso de interés, pueden usarse los enlaces que facilito. Por supuesto, no citaremos aquí todos los hechos históricos que desmienten ese Trotsky antiburocrático y antirrepresivo, porque la extensión del artículo sería demasiado larga; por contra, citaré varios ejemplos que me parecen determinantes, a la par que radicales.

1919

Trotsky promulga el Decreto de Rehenes, según el cual, en caso de que un oficial desertara del ejército, se secuestraría a su familia. Sistema que siguio defendiendo hasta poco antes de su muerte, como vemos en su artículo Su moral y la nuestra, de 1939.

1921

Cito, textualemente, del increíble libro El Nuevo Orden Mundial: génesis y desarrollo del capitalismo moderno, de Martín Lozano (capítulo II, la falacia bolchevique):

En pleno fragor de la revolución bolchevique, con Lenin y Trotzki al mando de la misma, la ciudad de
Petrogrado fue escenario de graves convulsiones sociales, que comenzaron en los círculos proletarios de
esa localidad, extendiéndose muy pronto a los marineros de la flota del Báltico, vanguardia durante 1917
del levantamiento soviético. El 28 de febrero de 1921, la tripulación del acorazado Petropavlosk emitió
una resolución en la que se formulaban las reivindicaciones de la tropa naval, resolución que sería
aprobada al día siguiente en el curso de una asamblea de toda la guarnición de Cronstadt.

Los principales puntos del programa aprobado eran la reelección de los soviets, la libertad de palabra y
de prensa para los obreros, la libertad de reunión, el derecho a fundar sindicatos, y el derecho de los
campesinos a trabajar la tierra del modo que deseasen. Reivindicaciones, todas ellas, fieles al más puro
ideario soviético. Así pues, los marineros de Cronstadt no se sublevaban contra la causa revolucionaria,
sino contra el régimen totalitario del Partido Comunista. De hecho, uno de los párrafos de la resolución,
cuyo elocuente título era “Por qué luchamos”, rezaba así: “Al efectuar la Revolución de Octubre la clase
obrera esperaba obtener su libertad. Pero el resultado ha sido un avasallamiento mayor de la persona
humana…..Cada vez ha ido resultando más claro, y ello es hoy una evidencia, que el Partido Comunista
ruso no es el defensor de los trabajadores que dice ser, que los intereses de éstos le son ajenos y que, una
vez llegados al poder, no piensan más que en conservarlo”.

Como se podrá apreciar, volvían a reproducirse los mismos hechos que ya tuvieran lugar durante la
Revolución Francesa, y de nuevo se levantaban los parias para reclamar la “soberanía del pueblo” y los
restantes señuelos en cuyo nombre habían sido movilizados contra el régimen anterior. No será ocioso
decir que también el desenlace se reprodujo otra vez. El 2 de marzo, Lenin y Trotzki denunciaban el
movimiento de Cronstadt y lo calificaban de “conspiración blanca”, ordenando acto seguido la provisión
de una fuerza de 50.000 hombres que, al mando de Tukhatcchevski, salió para aplastar la revuelta. En la
noche del 17 al 18 de marzo, tras encarnizados combates, la expedición punitiva penetró en la ciudadela
rebelde defendida por 5.000 marinos y aplastó la insurrección. De entre los supervivientes, una parte
fueron fusilados, y el resto trasladados a los campos de concentración de Arkangelsk y Kholmogory. La
revuelta de Cronstadt, había declarado Lenin durante el X Congreso del PCUS celebrado en marzo de
1921, “es más peligrosa para nosotros que Denikin, Yudenitch y Koltchak (jefes de la contrarrevolución)
juntos”.

1921

Seguimos en el mismo año, en el X Congreso de los Bolcheviques, y vemos que Trotsky propone la total subordinación de los sindicatos al Estado, al Partido y al Ejército. De hecho, recordando su escrito Tesis sobre la transición entre la guerra y la paz, leemos su propuesta Comunismo de Guerra, esto es: una militarización total de la población, de modo que el Estado pudiese decidir en qué debía trabajar toda persona, del mismo modo en que el Ejército Rojo decidía la ubicación de cada soldado.

Estos tres ejemplos me parecen claros y suficientes -sino para convencer, sí para acrecentar las curiosidades individuales y provocar vuestra búsqueda de demás hechos. En resumen, Trotsky fue muchas cosas, pero nunca fue un hombre a adjetivar como antirrepresivo.

Por supuesto, hay muchísimos otros mitos alrededor de la figura de Trotsky, mitos que son creídos por gran número de personas, y que, justamente por eso, resultan confusiones peligrosas. Claro ejemplo es el mito de la identidad entre Lenin y Trotsky, o el mito de las abismales diferencias políticas entre Trotsky y Stalin durante los años ’20. Para desarrollar el por qué son mitos las afirmaciones citadas, insisto en la lectura de este ensayo.

trotsky

Creo que es obvia la falaz historia que nos cuentan y que nos creemos durante demasiado tiempo y, en consecuencia, espero que se presente como obvio el absurdo de dividir lxs revolucionarixs en etiquetas sin fundamento ni lógica. Por supuesto, juzgar a un hombre, toda una vida, en un sólo artículo, da un resultado tan falaz como el poner el nombre de dicho hombre a una ideología viva, pero no se trata ya tanto del sentido o no-sentido del concepto actual del trostkismo, sino del morbo actual por la cultura de conceptos pseudo-radicales, en los que la llamada izquierda cae constantemente, relevando a un segundo plano la lucha real y práctica o, incluso, usando tales confrontaciones culturales-nomenclaturales como excusa para no hacer la revolución.

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3 comments on “El sin-sentido del “trotskismo”

  1. niel
    Septembro 15, 2013

    Los movimientos trotskystas son generalmente partidos politicos y logicamente una de sus principales carecterísticas es el de querer convencer a la población que ellos solos tienen la verdad sobre todo lo de más para recaudar un máximo de votos, incluyendo el desmontaje de todos sus compañeros de lucha comunistas y anarkistas y la recuperación de todo movimiento social amplio como lo fue por ejemplo el 15M en España o su equivalente Griego. Participando, y entonces legitimando el sistema actual, la democracia representativa que quita al pueblo su poder de decisión haciendole creer que la democracia consiste a eligir el buen papel cada cuatro año, estos partidos pseudo-revolucionarios no questionan el Sistema en su totalidad, lo que de hecho ya es poco revolucionario, y inverten más tiempo, dinero y energía en propaganda electoral que en la toma de tierras y factorias que su ideologia pretende haber identificado como el camino hacia un nuevo día.

  2. lukti
    Septembro 15, 2013

    También es muy interesante la reflexión que me proponías antes, es decir, ¿quiénes son los partidos políticos trotskistas? ¿Y por qué Trotsky? ¿Su programa electoral se basa en la, digamos, filosofía trotskista? ¿De verdad?

  3. Stalinista-come-bebés
    Decembro 26, 2013

    Trotskismo… o cómo tener más fracciones que militantes.
    http://gomezmillano.tumblr.com/image/39719660095

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This entry was posted on Septembro 15, 2013 by in politikeo marrón and tagged , , , , .
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