DOVE È LA LIBERTÀ?

el arte por colores. colores con K, de okupa y resiste.

Coca-Cola, genera[ción] sin derechos.

Dejando de lado los motivos de su redacción y su presunto cumplimiento, creo poder afirmar que, en general, nos gustan los Derechos Humanos. Creemos en ellos. Pero, ¿hasta dónde estamos dispuestxs a llegar como invibiduxs (como seres pensantes y morales) para asegurar su cumplimiento?

La serie de artículos sobre la Coca-Cola Company (o mejor: los capítulos de un ensayo mayor sobre la Coca-Cola), tienen como objetivo la desmitificación de esta empresa, poniendo en evidencia sus ilegalidades e irregularidades, y en especial, relevando sus violaciones constantes a la Declaración de los Derechos Humanos. Así, siendo como soy consciente de que me será harto difícil no introducir mi opinión subjetiva sobre el caso, he dotado al presente artículo de todos los documentos e informes que cito, con la esperanza de que lxs lectorxs no sólo se resignen a este artículo que he escrito, sino que investiguen por su cuenta, lean las fuentes primarias, y acaben creándose una propia opinión subjetiva sobre esta monstruosa transacional.

El tema central será la relación de Coca-Cola Company con el trabajo infantil, y como el título indica, centrarémos nuestros ejemplos en el cultivo de caña de azúcar salvadoreña, dado que es el ejemplo más claro, documentado y acesible de la colaboración de Coca-Cola en la explotación infantil. Sobre este tema, la ONG Human Rights Watch (investigación, defensa y promoción de los Derechos Humanos) lanzó un informe el diez de junio de 2004 títulado Oidos Sordos: trabajo infantil peligroso en el cultivo de caña de azúcar en El Salvador, del que, en este artículo, extraeremos parte de la información.

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Según varios testimonios entrevistados por Human Rights Watch, las edades de lxs trabajadorxs, varian desde los ocho hasta los sesenta años. Esto, por sí sólo, ya atenta contra los Derechos de los Niños, y en consecuencia, debería atentar contra toda mente humana dotada de moralidad y racioncinio. Por otro lado, el trabajo en las plantaciones de azúcar es uno de los trabajos más peligrosos que envuelven a la Coca-Cola. Veamos el por qué. En primer término, las cañas de azúcar poseen un tóxico natural que daña la piel (tal y como se estipula en el libro Coca-Cola: historia negra de las aguas negras, de Gustavo Castro Soto, de la CIEPAC, Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de la Acción Comunitaria). En segundo lugar, muchas son las veces que se queman las cañas de azúcar antes de cortarlas, lo cual supone que lxs trabajadorxs, estén expuestxs tanto a respirar el tóxico humo de la quema, como a quemarse, especialmente los pies al andar por encima de las cenizas todavía ardientes. Y aunque sea otro tema alejado de la explotación infantil, no debemos olvidar el impacto medioambiental de esta quema.

Son numerosas las empresas que abusan de los infantes en sus plantaciones azucareras, pero Coca-Cola, nunca sencilla, compra su azúcar al ingenio más grande de El Salvador, Central Izalco (otro informe de fuentes distinas que corrobora esta información), situado en el departamento de Sonsonate. Cuando Human Rights Watch (HRW) acusó a la Coca-Cola de colaborar en el trabjo infantil (con el informe público Oidos Sordos), la directora de asuntos públicos de la Coca-Cola, respondió (en una Carta de Carol M. Martel, directora de asuntos públicos, The Coca-Cola Company, a Kenneth Roth, director ejecutivo, Human Rights Watch, 20 de mayo de 2003): “Nuestra revisión ha revelado que ninguna de las cuatro compañías identificadas en la carta suministraron directamente producto alguno a The Coca-Cola Company (TCCC), y ni la TCCC ni el embotellador salvadoreño tienen ningún contrato comercial con estas cooperativas agrícolas”. Ambas partes tienen razón, a pesar del falaz argumento usado por M. Martel. Esto es por el Código de Conducta de la Coca-Cola, donde se estipula que respetará las leyes de los paises donde trabaje, y hará que las respeten las empresas vinculadas directamente a Coca-Cola (Código de Conducta de la Coca-Cola para sus proveedores directos). Tal Código, es un arma de doble filo. Por un lado, las leyes de El Salvador dictaminan que la edad mínima para trabajar en un trabajo peligroso (como el de las cañas de azúcar), es la de dieciocho años (dieciseis si se puede asegurar unas condiciones seguras y saludables). Así, para que estas empresas que trabajan indirectamente para Coca-Cola, y otras gigantes transnacionales, puedan mantener la presunción del cumplimiento de la ley salvadoreña, estxs menores de dieciseis años, no son contratadxs. Es decir, no se les considera como empleadxs, sino como ayudantes de algún adulto. Y por otro lado, dado que la Coca-Cola sólo se compromete a cumplir ella misma las leyes y a que las cumplan sus proveedores directos, tolera y esconde que sus proveedores directos, a su vez, tienen demás proveedores que ni respetan necesariamente las leyes, ni muchísimo menos el Código de Conducta que tanto ensalza a la Coca-Cola. En otras palabras: a pesar de que ni la Coca-Cola Company ni sus proveedores directos salvadoreños tienen la zarpa metida en el trabajo infantil, ambos saben (y en caso de que no fuese así, tras el informe Oidos Sordos, ya no cabe duda de su conocimiento al respecto) que dicho trabajo infantil existe en las plantaciones de caña de azúcar que estas compañías consumen. Por tanto, la Coca-Cola se beneficia económicamente y de forma consciente del trabajo infantil. Y su actuación al respecto es tan nula, que no solamente no hacen nada para exterminar estas prácticas, sino que, al consumir dicho azúcar, las promueven y perpetuan.

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Según un estudio del Programa Internacional para la Erradiación del Trabajo Infantil (IPEC), hay alrededor de 5.000 niñxs directamente contratados en la zafra de la caña de azúcar. Demás estudios e investigaciones citados por Human Rights Watch [entrevista telefónica de Human Rights Watch con Benjamín Smith, asesor técnico principal, Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, Organización Internacional del Trabajo, San Salvador, 6 de mayo de 2004; Judith E. Quesada Lino y Alfredo Vargas Aguilar, El Salvador: Trabajo infantil en caña de azúcar: Una evaluación rápida (Ginebra: OIT-IPEC, 2002), p. ix (citando estudios universitarios del trabajo infantil en la caña de azúcar)], aproximan que otrxs 25.000 niñxs más, están indirectamente involucradxs con este trabajo, siendo ayudantes en lugar de empleadxs.

Pero no sólo explotan el trabajo infantil, sino que las condiciones en las que lo hacen son absoulta y radicalmente precarias. Por un lado, tenemos la peligrosidad de este trabajo, y por el otro, la falta de un sueldo digno o de unas seguridades laborales, tales como las médicas (dihcas informaciones son constatables en el informe Oidos Sordos, o en el Condiciones y Medio Ambiente del Trabajo Infantil en la Caña de Azúcar de El Salvador, ya citados anteriormente). Estos hechos se traducen en situaciones de alarma, entre otras, de alarma médica. Como podemos leer en entrevistas realizadas por Human Rights Watch (Oidos Sordos) y sabiendo que en la zafra de azúcar se trabaja con machetes, cuchillos cortos y demás utensilios potencialmente peligrosos, cuando algún trabajador o trabajadora, infante o adultx, se corta con alguna herramienta, le es negado el acceso a la asistencia médica, dado que ni la empresa que lxs contrata interviene a su favor, ni ellxs tienen la posiblidad de costearse médicxs con su escaso sueldo. Vemos, de nuevo, una clara violación de los Derechos Humanos, artículo 25.

Además, el hecho de que tantxs niñxs trabajen en las zafras de azúcar, incluye que, de forma generalizada, pierdan las primeras semanas (a veces, incluso meses) de escolarización. Lxs que no abandonan completamente la escuela, suelen empezar su asistencia a finales de marzo, justo después de la zafra (informe de la IPEC al respecto).

Volvemos a toparnos con una violación de los Derechos, en este caso, de los Derechos del Niño, dado que la Convención sobre los Derechos del Niño prohíbe que éstos desempeñen cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que les sea nocivo a su salud o desarrollo (Artículo 32 (1) de la Convención sobre los Derechos del Niño). De hecho, según las disposiciones del Convenio nº 182 de la OIT sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación, el trabajo en el cultivo de cañas de azúcar, es una de las peores formas de trabajo infantil. De acuerdo con este Convenio, lxs menores de dieciocho años no pueden ser empleadxs en tareas que perjudiquen su salud, seguridad o moralidad (Artículo 3, d), y según la interpretación de la Recomendación 190 de la OIT, las tareas prohibidas incluyen el trabajo con herramientas peligrosas, la exposición a substancias peligrosas o el trabajo en condiciones especialmente difíciles (Artículo 3, c). El Salvador ratificó estos dos tratados en 1990 y en 2000, respectivamente. Así, el Código de Trabajo de El Salvador prohíbe el trabajo de los menores de dieciocho años en tareas peligrosas o insalubres (Constitución de la República de El Salvador, artículo 35; Código de Trabajo, artículo 105), dejando que lxs mayores de dieciseis realicen dicho trabajo, siempre que queden plenamente garantizadas su salud, seguridad y moralidad (Código de Trabajo, artículo 105).

Para ampliar el conocimiento sobre las condiciones de lxs niñxs en el cultivo de caña salvadoreño que la Coca-Cola tolera y perpetua, recomiendo la lectura del informe Oidos Sordos, de la Human Rights Watch, donde se amplia el tema, tratando puntos como el agua y los alimentos de estxs niñxs, su relación con la educación, sus accesos a la medicina, sus salarios y horarios de trabajo, entre otros; el libro “Belching Out the Devil“, de Mark Thomas (en inglés); o diversos blogs, enlaces y documentales disponibles en internet.

Y habiendo contextualizado este ejemplo de explotación infantil, me queda recordar de nuevo el papel que desempeña The Coca-Cola Company. Su proveedor directo es una embotelladora local que, a su vez, compra azúcar a la Central Izalco. Es decir, que aunque de forma indirecta, Coca-Cola obtiene beneficios llegados del trabajo infantil, a conciencia y sin querer hacer nada para evitarlo (entiendo que de querer evitar esta explotación infantil, tomarían las medidas necesarias que, de momento, no están tomando, o cambiarían de proveedor, indirecto o directo, de azúcar).

imagesComo conclusión, retomar una cita de la introducción a este artículo a cerca de nuestra convicción sobre los Derechos Humanos y del Niño:

¿hasta dónde estamos dispuestxs a llegar como invibiduxs (como seres pensantes y morales) para asegurar su cumplimiento?

Está claro que no todxs queremos ni podemos ir a El Salvador a luchar de forma directa contra este atentado blasfemoso a nuestros derechos y conciencias, pero algo que todxs podemos hacer, sin a penas esfuerzo o cambios sustanciales en nuestras cuotidianas vidas, es dejar de consumir, no sólo Coca-Cola, sino todos los productos de esta monstruosa empresa que, ahora sabemos, tolera y perpetua el trabajo infantil.

Gromfinskins.

One comment on “Coca-Cola, genera[ción] sin derechos.

  1. Resonado: Ne eblis trovi la paĝon | هذا هو البرتقالي

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